La medida del éxito
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Alguien dice "a fulano le va muy bien" y, si preguntas qué quiere decir exactamente, casi siempre es una cifra: cuánto factura, cuánto gana, cuánto vale su negocio. Nadie responde "le va muy bien, cena con sus hijos todas las noches" o "le va muy bien, hace años que no pone un despertador un domingo". El dinero se ha quedado con la palabra éxito casi en exclusiva, y creo que es una trampa que hemos aceptado sin mirarla dos veces.
No hace falta una conspiración para explicarlo. El marketing y el discurso del poder no inventaron la idea de que rico es sinónimo de exitoso, pero sí la han regado durante décadas porque les conviene: gente que persigue más dinero es gente que consume más, trabaja más horas y pregunta menos. Si el éxito fuera "tener tiempo para tu familia", no habría nada que venderte para conseguirlo. Si el éxito es una cifra, siempre hay un producto, un curso o una inversión más que te acerca a ella.
Yo no lo compro. Para mí el éxito es mucho más simple y mucho más mío: cumplir las metas que yo me pongo. Una familia. Un hijo. Un coche que funcione. Una casa donde vivir tranquilo. Un trabajo que pague las facturas y no me robe la vida a cambio. Y, sobre todo, llegar al final del día con margen para disfrutarlo: ver una película, jugar un rato, sentarme con la gente que quiero sin estar pensando en otra cosa. Eso es éxito. No hace falta un negocio que valga millones para tenerlo.
La ironía de trabajar para "algún día"
Aquí está lo que de verdad no me cuadra del modelo del dinero como éxito: la promesa es que trabajas mucho ahora para poder disfrutar después. Aguantas jornadas de diez, doce horas, sacrificas fines de semana, dices que no a planes, todo para acumular lo suficiente y algún día parar a vivir tranquilo. ¿A qué edad, exactamente? ¿A los sesenta? ¿A los setenta, ya jubilado, con la salud que te queda después de cuarenta años sentado o de pie doce horas al día?
Es una ironía tan grande que sorprende que no se hable más de ella: trabajas para tener dinero, y el dinero es para tener tiempo y tranquilidad, pero usas justo el tiempo que tendrías que disfrutar en conseguir el dinero. Al final del recorrido puede que tengas la cuenta llena y la vida vacía, porque la parte que ibas a disfrutar ya pasó mientras estabas ganándola. No es un plan, es una apuesta a que la salud, la familia y las ganas van a esperarte pacientemente hasta que tú decidas que ya has ahorrado bastante. Casi nunca esperan.
Por eso creo que vale más una vida en la que trabajes, sí, todos los días si hace falta, pero en la que también haya sitio todos los días para distraerte, para estar con los tuyos, para no vivir permanentemente en modo "ya descansaré luego". No es lo mismo trabajar quince años disfrutando cada semana por el camino que trabajar quince años aplazando el disfrute a un "después" que ni siquiera está garantizado.
Medirte con la vara de otro
El problema de aceptar el dinero como métrica única es que nunca se acaba. Por muy exitoso que seas según esa vara, siempre hay alguien que gana más, que tiene un negocio más grande, que aparece en una lista que tú no. Es una carrera diseñada para no ganarse nunca, porque la meta se mueve exactamente al mismo ritmo que tú te acercas a ella. Puedes pasarte la vida entera corriendo hacia una línea que retrocede.
En cambio, si la medida es tuya (mis metas, mi familia, mi tiempo, mis días buenos), la carrera sí se puede ganar. Puedes llegar a un viernes cualquiera y decir "esto es lo que quería" sin que nadie más tenga que estar peor para que tú estés mejor.
No estoy diciendo que el dinero no importe: hace falta para vivir, y quien diga lo contrario normalmente lo tiene resuelto. La diferencia es no confundir la herramienta con el objetivo. El dinero sirve para comprar tiempo y tranquilidad; el problema es cuando se convierte en un fin que se come el tiempo y la tranquilidad que se supone que iba a comprar.
La felicidad se parece mucho más al éxito real que la riqueza. Y la pregunta que a mí me sirve de brújula es esta: si mañana nadie más viera lo que gano ni lo que tengo, ¿seguiría sintiendo que mi vida va bien? Si la respuesta depende de una cifra que solo tiene sentido cuando otros la ven, puede que no sea tu éxito el que estás midiendo, sino el de otro.