KUANTYKTodo

La culpa siempre baja

-Política

  • opinión
  • sociedad
  • poder

Veo documentales de catástrofes de empresas de todo el mundo (aviación, trenes, industria, da igual el sector) y siempre pasa lo mismo: la culpa nunca es del directivo que tomó la decisión, es de la persona que estaba al final de la cadena cuando todo saltó por los aires. El patrón se repite tantas veces que ya no se puede llamar casualidad. Es un diseño.

La regla parece sencilla una vez la ves: la impunidad es directamente proporcional al poder. Cuanto más arriba está alguien en la jerarquía de una decisión, menos probable es que su nombre aparezca ligado a las consecuencias. Y si encima quieres llevar a una de estas empresas a juicio, te espera un litigio eterno que solo ellas tienen el dinero para sostener durante años.

El caso Boeing

Boeing es el ejemplo que mejor resume el mecanismo. Los dos accidentes del 737 MAX, el de Lion Air en 2018 y el de Ethiopian Airlines en 2019, se cobraron 346 vidas, y las investigaciones apuntaron a un sistema (el MCAS) que la propia compañía conocía como problemático antes de que el avión volara con pasajeros. Hubo multas, hubo un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, hubo despidos de algún directivo. Lo que no hubo, en años, fue una condena penal a quienes decidieron lanzar el avión sabiendo lo que sabían. El coste se convirtió en una cifra en un balance, no en una condena a una persona con nombre y cara.

El caso Angrois

En España el ejemplo tiene nombre propio: el accidente del tren en Angrois, cerca de Santiago de Compostela, en 2013. La curva donde descarriló el convoy llevaba tiempo señalada como un punto de riesgo, y había advertencias previas sobre el sistema de seguridad de ese tramo. Al final, el foco judicial se centró en el maquinista, la persona que iba conduciendo ese día. No digo que su actuación fuera irrelevante, pero el patrón es el de siempre: el nombre que se queda pegado al desastre es el del último eslabón, no el de quienes diseñaron y mantuvieron un tramo de vía con un riesgo ya conocido de antemano.

Por qué el nombre siempre está abajo

El mecanismo no hace falta que sea una conspiración para funcionar: basta con que la responsabilidad se diluya según sube por la jerarquía. Cuantas más capas hay entre quien decide y quien ejecuta, más difícil es señalar a una sola persona arriba. Abajo, en cambio, siempre hay alguien con nombre y cara: un maquinista, un piloto, un operario. La prensa necesita un culpable concreto para contar la noticia, y el sistema le ofrece exactamente el que menos le cuesta entregar.

Por eso la impunidad no es un fallo del sistema, es un cálculo del sistema. A partir de cierto nivel de poder, la sanción deja de ser un riesgo real y pasa a ser un coste previsible que se mete en el presupuesto, como un seguro. Los de traje no se ensucian las manos casi nunca; tiene que ser algo muy grave, con muertos de por medio y presión mediática sostenida durante meses, para que la culpa amenace con subir un peldaño. Y aun así, casi siempre se queda a medio camino.

Lo que hace falta y por qué no va a pasar

Lo honesto es no fingir que esto se arregla en tres líneas. Haría falta responsabilidad personal real en quien decide, no solo en quien ejecuta la decisión: que firmar algo sabiendo el riesgo pese tanto como conducirlo. Pero quienes tendrían que cambiar esa regla son exactamente los que hoy salen ganando con ella, así que no hay ninguna prisa por su parte en tocarla.

Mientras tanto, seguirá pasando lo mismo cada vez que un documental cuente una catástrofe nueva: el nombre que se recuerda será el del maquinista, el del piloto, el del operario. El directivo que firmó el informe donde ya se avisaba del riesgo seguirá en su despacho, o como mucho en otro despacho parecido, en otra empresa, cobrando lo mismo o más. La culpa baja porque a alguien arriba le conviene que baje, y mientras eso no cambie, seguirá bajando siempre.